La vida de un individuo se hila como el algodón, atando los miembros de un linaje a un territorio y sus ancestros. El movimiento en espiral del hilo evoca el movimiento del mundo que comienza y termina en el vientre materno, lugar por excelencia de la vida- muerte. Pero la enfermedad y la muerte se manifiesta en un hilo de lana negra que debe ser cortado y quemado… “Atamos… nos trozamos” (Titailpí…Tomokotonal) sintetiza esta visión de la vida.

Rituales Mexicaneros de Durango

San Pedro de Jícoras.

Los problemas metodológicos de la vida, son insistentes ante los rituales ligados a nuestro ciclo, marcados por destinos o albedríos, perspectivas teóricas para sintetizar estos instantes.

En esta concepción cíclica del tiempo, algunos de nuestros indígenas utilizan el atar y trozar, que se encuentra en el conjunto de practicas rituales, al nacimiento de un niño, al momento de atar su pertenencia a un grupo y un espacio ritual, y una vez que la enfermedad y la muerte provoca un desequilibrio es fundamental trozar, deshacer. En los tradicionales ritos terapéuticos del sueño (cochiste) o corridas del alma, donde se forma la representación de la vida representada por una raya y la muerte que es su corte.

Sin embargo ¿Qué es la perdida de la vida?, solo el sistema de transición del alma a otro plano de la vida o el inicio de otra reencarnación, o solo profundizar entre el silencio absoluto de la nada, trozar la muerte da la perspectiva si de terminar los instantes pero atarla nos propicia la sincera necesidad de resurgir a la misma, dilema innecesario de la felicidad, palabras que saltan después de chocar la tierra como la lluvia, ¿Qué produce la eternidad? Solo suspiros añejos, tal vez ventanas abiertas, promesas sin cumplir, innecesarios planes solo para cumplir con el reto del sueño, ese que no es necesario dormir para conciliar, pero pesa tal vez un poco más que la propia pesadilla, ¿vida cuando te logre trozar será posible volverte atar, con tu cálida piel sobre la mía?

No estoy dentro, ni fuera

De la trinidad,

Muros ilegibles del orbe

Que ha dejado sin habla el asfalto.

El hambre sale

Por los túneles de los ojos,

Los muros de las encarnaciones

Se desojan en primavera,

Dibujan dudas

Y se vuelven presagios.

El himen de la corteza

Se convierte en mujer.

El gemido de las maderas

Derraman sal,

Silencios anónimos

Con lenguaje de fuego verde.

La bestia cae dentro

Palabra a palabra,

Tiempo sobre los hombres

Con letras en voz baja,

Acentuando el cuerpo oeste.

¿Puedes oír el norte

Entre las venas de los pies?

Cuando la silaba abre tus labios

La noche será corta

Y el instante largo,

Transparentes mimos circulan la página.

El perro

Se vuelve latidos del crepúsculo,

Lame los pies

De mis extendidos ojos,

Remaches religiosos

Desatan las almas

De los tendidos cuerpos.

Breve tacto

Del deletreo de tu cuerpo

-No estoy en el cuarto-

Palabras que no pesan,

Y la prostituta filantropía

Que te abres al placer

Y la desdicha.

Entonces tal vez ya te este trozado.

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Etiquetas: P.R.

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